Antofagasta inventa árboles que no necesitan agua
Un proyecto chileno usa bacterias fotosintéticas del Atacama e inteligencia artificial para capturar CO2 del aire y convertirlo en biomasa, sin gastar una gota de agua agrícola. Lo llaman DESERT-TREE.
Un árbol que es, en realidad, un cultivo de bacterias
La palabra árbol evoca raíces, agua y sombra. Pero en el desierto más árido del planeta, ni el agua ni la sombra sobran. Por eso un equipo de Antofagasta dio vuelta el concepto: en lugar de plantar árboles que necesitan riego, construyó módulos biotecnológicos que hacen el trabajo de un bosque —capturar dióxido de carbono— usando microorganismos en vez de hojas.
El proyecto se llama DESERT-TREE y lo desarrolla la empresa antofagastina Rudanac Biotec. Su funcionamiento es engañosamente simple: dentro de los módulos viven bacterias fotosintéticas autóctonas del desierto de Atacama, microorganismos que, igual que una planta, toman CO2 del aire y, con energía solar, lo fijan en su propia materia. Esa materia —la biomasa— es el producto que después se reutiliza. Todo el sistema opera con sol, sin requerir agua agrícola.
Las bacterias que ya sabían vivir en el infierno
La clave del proyecto no es una bacteria de laboratorio importada, sino una nativa. El desierto de Atacama es uno de los lugares más hostiles para la vida: radiación ultravioleta extrema, salinidad altísima y una sequedad que durante siglos se creyó incompatible con la biología. Y sin embargo, ahí prosperan microorganismos fotosintéticos que evolucionaron precisamente para soportar esas condiciones.
Esa adaptación natural es lo que vuelve viable a DESERT-TREE. Un cultivo de bacterias que ya tolera el calor, la sal y la falta de agua no necesita un invernadero climatizado ni riego constante para sobrevivir: puede instalarse a la intemperie en pleno desierto y seguir capturando carbono. El mismo territorio que se considera un obstáculo se transforma en la condición que hace funcionar la tecnología.
El desierto históricamente se vio como un territorio hostil; el proyecto busca demostrar que también puede ser un laboratorio para tecnologías sustentables.
— Síntesis de la presentación de DESERT-TREE
Del aire a la tierra, en cuatro pasos
DESERT-TREE no es solo biología: combina microorganismos vivos con sensores e inteligencia artificial para que el proceso sea medible y controlable. Así se encadena el ciclo:
Bacterias que respiran CO2
Las bacterias fotosintéticas del Atacama toman dióxido de carbono directamente de la atmósfera y, con la energía del sol, lo incorporan a su metabolismo —el mismo principio que la fotosíntesis de una planta.
Un cerebro digital vigilando
Herramientas de inteligencia artificial monitorean en tiempo real la eficiencia fotosintética de las bacterias, aseguran la trazabilidad de los gases y evalúan cómo se comportan los equipos en condiciones ambientales complejas.
Carbono convertido en materia
El CO2 capturado deja de ser un gas y queda atrapado en la biomasa que producen las bacterias. La emisión contaminante se transforma en un recurso sólido y reutilizable.
De residuo a biofertilizante
Esa biomasa se procesa para fabricar biofertilizantes destinados a la agricultura local y a la recuperación de suelos erosionados, cerrando un ciclo de economía circular en plena zona desértica.
Nadac Reales y las bacterias hechas en Chile
Detrás de DESERT-TREE está Nadac Reales del Canto, biotecnóloga antofagastina y fundadora de Rudanac Biotec. No es su primer encuentro con bacterias útiles: Reales se hizo conocida por desarrollar procesos en que microorganismos "comen metales" para tratar residuos de la minería, una línea por la que fue distinguida por la multinacional 3M dentro de sus "25 Mujeres en la Ciencia" de Latinoamérica y por la que su startup llegó a presentarse en la cumbre climática de Naciones Unidas (COP27).
El proyecto es 100% regional: nace en Antofagasta, se desarrolla con la empresa colaboradora TIMAMG y se financia con recursos del Gobierno Regional a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR). El piloto está instalado en el Barrio Industrial La Negra, en las afueras de la ciudad, y fue visitado por el seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Héctor Bravo Vásquez, para verificar sus avances.
- DESERT-TREE captura CO2 con bacterias fotosintéticas nativas del Atacama, sin agua agrícola y solo con energía solar.
- La inteligencia artificial mide la eficiencia y la trazabilidad del gas capturado en tiempo real.
- El carbono se convierte en biomasa y luego en biofertilizantes para recuperar suelos erosionados.
- Es un desarrollo 100% antofagastino —Rudanac Biotec, TIMAMG— financiado por el GORE vía FNDR.
Una pieza, no la solución completa
Conviene la cautela: DESERT-TREE es un piloto, y la captura biológica de carbono a escala industrial todavía debe demostrar cuántas toneladas puede fijar de forma rentable y duradera. Ningún módulo de bacterias reemplaza, por sí solo, la reducción de emisiones en su origen. Pero el valor del proyecto está en su enfoque: aprovechar la biología extremófila que el propio desierto chileno ya perfeccionó, y ponerla a trabajar a favor del clima en un lugar donde el agua escasea.
Que la idea nazca en Antofagasta —y no se importe— dice algo sobre la ciencia que se hace en regiones: el norte de Chile, asociado durante décadas al cobre y al litio, también empieza a producir biotecnología propia para uno de los problemas más grandes del siglo.
- El Referente. Árboles tecnológicos: proyecto de Antofagasta busca capturar CO2 y convertirlo en biomasa
Ver fuente → - El Diario de Antofagasta. Biotecnología con inteligencia artificial: lanzan proyecto en la región de Antofagasta para combatir el cambio climático sin usar agua
Ver fuente → - Desierto FM. En Antofagasta se impulsa innovador proyecto biotecnológico que busca "forestar" el desierto con bacterias
Ver fuente → - Diario Financiero · DF Lab. Nadac Reales, la biotecnóloga que creó un proceso sustentable para recuperar desechos de la minería
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