Intervenir el océano para capturar carbono: un chileno en la mesa que lo evalúa
El Dr. Alejandro Buschmann, del Centro i-mar de la Universidad de Los Lagos, es el único chileno en GESAMP, el grupo de expertos que asesora a la Organización Marítima Internacional de la ONU. En Dinamarca discutieron técnicas para sacar CO2 del aire y hundirlo en el mar —y, sobre todo, cuánto sabemos de sus riesgos.
Cuando reducir emisiones ya no alcanza
Durante años el mensaje climático fue claro: bajar las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero hay una idea incómoda ganando terreno entre los científicos: con la cantidad de CO2 que ya está en la atmósfera, incluso si mañana emitiéramos cero, la tendencia del cambio climático no se revertiría sola. De ahí surge una pregunta grande y espinosa: ¿podemos retirar activamente parte de ese carbono?
Una de las respuestas en estudio mira hacia el océano, que ya absorbe una parte enorme del CO2 humano. La idea es ayudarlo a absorber más mediante intervenciones deliberadas —lo que suele llamarse geoingeniería marina—. En esa conversación, que se juega a nivel de Naciones Unidas, hay un solo chileno: el Dr. Alejandro Buschmann, investigador del Centro i-mar de la Universidad de Los Lagos.
GESAMP: el grupo que asesora a la ONU
Buschmann integra GESAMP (Grupo Conjunto de Expertos sobre los Aspectos Científicos de la Protección del Medio Marino), un cuerpo de asesoría técnica que aconseja a la Organización Marítima Internacional (IMO) de la ONU. Su reunión más reciente fue en Dinamarca, y el encargo es delicado: evaluar técnicas para intervenir los océanos y secuestrar CO2 de la atmósfera con el menor impacto colateral posible.
No es un comité de ingenieros a secas. La fuerza de GESAMP está en su mirada multidisciplinaria: en la misma mesa se sientan quienes entienden el mar desde la física, la biología, el derecho y la gestión de espacios oceánicos internacionales. Esa diversidad no es decorativa: cualquier intervención a escala planetaria toca ecosistemas, fronteras marítimas y comunidades a la vez.
«Este es un grupo multidisciplinario donde hay oceanógrafos, ecólogos, expertos en tecnologías, como, por ejemplo, en el cultivo de algas para mitigar impactos ambientales, expertos en manejo de recursos y de ambientes marinos, abogados, expertos en manejo de espacios oceánicos internacionales, entre otros.»
— Dr. Alejandro Buschmann, Centro i-mar (ULagos)
Alcalinizar y fertilizar el mar, explicado
Dos ideas concretas dominaron la discusión. La primera es la alcalinización de los océanos: aplicar al mar métodos químicos que aumentan su capacidad de absorber CO2 de la atmósfera y de llevarlo hacia lo más profundo, donde queda fuera de circulación. La segunda es la fertilización del océano: agregar nutrientes para estimular el crecimiento del fitoplancton, esas microalgas que, al hacer fotosíntesis, capturan carbono.
El detalle incómodo es la escala. Para que la fertilización tenga algún efecto sobre el clima global, no basta con un experimento local: habría que hacerla sobre cientos de miles de kilómetros cuadrados de océano. Manipular un ecosistema vivo de ese tamaño abre preguntas que ninguna simulación responde del todo, y por eso el foco del grupo está tanto en el potencial como en los riesgos.
Alcalinización oceánica
Métodos químicos aplicados al mar que aumentan su capacidad de absorber CO2 de la atmósfera y de transportarlo hacia las profundidades, donde queda retenido.
Fertilización del océano
Agregar nutrientes para que crezca más fitoplancton, que captura carbono al hacer fotosíntesis. Para incidir en el clima global debe aplicarse a escala enorme.
Escala planetaria
La fertilización solo movería la aguja del clima si se hace sobre cientos de miles de km²: intervenir un ecosistema vivo de ese tamaño es justo lo que hay que evaluar.
Chile, con un pie en la mesa y kilómetros de costa
Que un investigador chileno sea el único representante nacional en este grupo no es un dato anecdótico. Chile tiene uno de los bordes costeros más extensos del planeta y una tradición científica marina que Buschmann encarna: su nombre fue postulado recientemente como candidato al Premio Nacional de Ciencias Naturales. Tener voz donde se decide qué se investiga —y con qué salvaguardas— es una forma concreta de defender nuestro mar.
El mensaje de fondo, sin embargo, es sobrio. La geoingeniería marina no es una solución mágica ni una amenaza inevitable: es un conjunto de opciones en evaluación seria, cargadas de incertidumbres reales. Y viene con una advertencia que conviene no olvidar: apostar a capturar carbono nunca reemplaza la tarea de dejar de emitirlo.