FísicaEterna
// Biodiversidad · Genética de la conservación

Para estudiar al gato más chico de América, hay que seguir su caca

La güiña pesa menos que un gato doméstico, vive escondida en el bosque nativo y casi nunca se deja ver. Constanza Napolitano descubrió que no hace falta atraparla: basta con recoger lo que deja en el sendero y leer el ADN que viene pegado.

QuiénConstanza Napolitano, médica veterinaria y doctora en CienciasDóndeLaboratorio de Genética de la Conservación, Universidad de Los Lagos (Osorno)EspecieGüiña (Leopardus guigna), en categoría Vulnerable de la UICN
01 · El problema

Un felino que no quiere ser visto

La güiña (Leopardus guigna) es el felino salvaje más pequeño de América: un animal que apenas supera los dos kilos, menos que la mayoría de los gatos de casa. Vive en el bosque templado de Chile y en una franja de Argentina, es principalmente nocturna y está increíblemente bien camuflada. Eso, que le sirve para sobrevivir, es un problema serio para quien quiera contarlas, medirlas o saber cómo están.

La forma clásica de estudiar un carnívoro esquivo es capturarlo: trampa, sedación, muestra de sangre, collar, liberación. Funciona, pero es caro, lento, estresante para el animal y logísticamente imposible a la escala de un país entero. Constanza Napolitano, médica veterinaria y doctora en Ciencias de la Universidad de Chile, académica de la Universidad de Los Lagos y directora del Laboratorio de Genética de la Conservación en Osorno, trabaja con otra idea: el animal ya dejó su información genética tirada en el sendero.

Estas muestras son extremadamente valiosas porque, al pasar por el tracto digestivo, arrastran células del animal. Desde la superficie de una muestra fecal podemos extraer ADN e identificar no solo la especie, sino también individuos específicos.

— Constanza Napolitano, directora del Laboratorio de Genética de la Conservación, Universidad de Los Lagos
02 · El método

Un censo hecho de fecas

El equipo recolecta muestras fecales en senderos de parques nacionales y en zonas rurales fragmentadas. De la capa exterior de cada muestra —la que estuvo en contacto con el intestino— se raspan células del propio animal, y de ahí sale el ADN. Con eso, el laboratorio responde dos preguntas que parecen una sola y no lo son.

Pregunta 1

¿Quién pasó por aquí?

El ADN distingue entre una güiña, un zorro chilla y un zorro culpeo. Sin cámara trampa, sin verlos, sin molestarlos.

Pregunta 2

¿Y era el mismo de ayer?

El análisis llega al nivel de individuo: permite saber si dos muestras separadas pertenecen al mismo animal o a dos distintos.

Lo que abre

Variabilidad genética

Con individuos identificados se puede medir cuánta diversidad genética queda en cada fragmento de bosque, que es lo que determina si una población aguanta o no el próximo golpe.

Lo que evita

Cero captura

Método no invasivo: el animal nunca es atrapado, sedado ni manipulado. Se estudia lo que dejó atrás.

03 · El hallazgo incómodo

La amenaza vive en la casa de al lado

El foco de Napolitano es cómo la transformación humana del paisaje afecta a los carnívoros nativos. Chile convirtió buena parte de su territorio en matriz agropecuaria, y lo que queda de bosque nativo son islas rodeadas de actividad humana. En esas islas hay un vecino que la conservación suele pasar por alto: los perros y gatos domésticos de libre circulación —los que tienen dueño, pero deambulan sin supervisión—.

Esos animales funcionan como puentes de patógenos entre el mundo doméstico y la fauna silvestre. Lo que para un perro vacunado y alimentado es una infección manejable, para una güiña o un zorro nativo puede ser letal. No es un riesgo hipotético: es una de las líneas de resultados más consistentes del laboratorio.

Nuestros resultados sobre la transmisión de enfermedades han sido entregados a los tomadores de decisión. Es gratificante ver cómo la ciencia proactiva logra que los organismos públicos generen acciones basadas en evidencia para mitigar estos problemas.

— Constanza Napolitano

En 2023, Napolitano encabezó un estudio publicado en Science of the Total Environmentque analizó los genes del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC) —los que gobiernan la respuesta inmune— en 128 güiñas repartidas entre las regiones de Valparaíso y Aysén, en paisajes con distintos grados de perturbación humana. La conclusión fue menos sombría de lo esperable: las güiñas conservan una diversidad de MHC media a alta comparada con otros carnívoros y felinos silvestres del mundo. Es decir, todavía tienen con qué defenderse. La pregunta es por cuánto tiempo.

128Güiñas analizadas en el estudio de genes inmunes de 2023
~2 kgPeso típico de una güiña: menos que un gato doméstico
VulnerableCategoría de la especie en la Lista Roja de la UICN
04 · Para qué sirve

Ciencia que termina en un papel firmado

Lo que distingue a este laboratorio no es solo el método, sino a quién le habla. Los datos se generan pensando en CONAF, el SAG y el Ministerio del Medio Ambiente: los organismos que deciden dónde va una carretera, qué se exige a un proyecto inmobiliario o qué campaña de tenencia responsable de mascotas se financia. Una población genéticamente aislada es un argumento técnico; una anécdota de bosque no lo es.

El trabajo de Napolitano también ha servido para ordenar la biología básica de la especie: en Chile hay dos subespecies de güiña —Leopardus guigna tigrillo, presente desde Coquimbo hasta la Región del Biobío, y Leopardus guigna guigna, la que además habita en Argentina—. Y las estimaciones de cuántas quedan siguen siendo un problema abierto: la cifra disponible, de 2015 y basada en radiotelemetría, va entre 5.980 y 92.092 individuos. Un rango tan ancho es, en sí mismo, una medida de cuánto falta por saber.

Napolitano también integra la red de académicas de la Universidad de Los Lagos y da charlas a niñas y jóvenes de la Región de Los Lagos sobre carreras científicas. Su descripción del oficio no empieza por el impacto ni por el financiamiento, sino por algo bastante más simple.

Es muy entretenido hacer investigación porque uno tiene la libertad de seguir su curiosidad. Es un camino de mucho estudio, pero la posibilidad de que ese conocimiento contribuya directamente a la protección de nuestra biodiversidad es algo único.

— Constanza Napolitano
  • La güiña es el felino salvaje más pequeño de América y está en categoría Vulnerable de la UICN.
  • Constanza Napolitano dirige el Laboratorio de Genética de la Conservación de la Universidad de Los Lagos, en Osorno.
  • Su método es no invasivo: extrae ADN de muestras fecales recogidas en senderos, sin capturar animales.
  • Ese ADN identifica especie e individuo, y permite medir cómo la fragmentación del bosque erosiona la variabilidad genética.
  • Uno de sus hallazgos clave es la transmisión de patógenos desde perros y gatos de libre circulación hacia la fauna nativa.
  • Los datos se generan para CONAF, el SAG y el Ministerio del Medio Ambiente: el objetivo declarado es política pública basada en evidencia.
Referencias
  1. Cooperativa Ciencia. Constanza Napolitano: La investigadora que utiliza la genética para proteger a la güiña (4 de septiembre de 2026)
    Ver fuente →
  2. Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB). Estudio genético en guiñas advierte una adecuada capacidad adaptativa y resistencia a patógenos de animales domésticos — sobre el trabajo de MHC en 128 individuos publicado en Science of the Total Environment (2023)
    Ver fuente →
  3. Mongabay Latam. Huiña: el desafío de revelar los secretos de uno de los félidos más diminutos y australes de América (18 de agosto de 2023)
    Ver fuente →
  4. LABGECO. Laboratorio de Genética de la Conservación, Universidad de Los Lagos
    Ver fuente →
  5. IUCN Red List. Leopardus guigna (Güiña / Kodkod): ficha de la especie y categoría de amenaza
    Ver fuente →