Los «químicos eternos» llegaron al último rincón limpio del planeta
Ni la Antártica, el lugar más remoto y prístino de la Tierra, escapa a la huella humana. Los PFAS —sustancias sintéticas tan estables que pueden durar décadas en el ambiente— viajan miles de kilómetros por el aire y quedan atrapados en la nieve y el hielo. El proyecto chileno ICEMELT, de la Universidad Mayor, sigue su rastro y una preocupación mayor: qué pasa cuando el hielo se derrite.
Contaminación donde nadie la esperaba
Durante mucho tiempo se pensó que la Antártica era un santuario intocado: demasiado lejos, demasiado fría, demasiado aislada como para que la contaminación humana llegara hasta ahí. Esa idea se ha ido cayendo. Hoy sabemos que hasta el continente blanco arrastra las huellas químicas de una industria que opera a miles de kilómetros de distancia.
En el centro de esa historia están los PFAS, apodados los «químicos eternos». Son sustancias sintéticas presentes en incontables productos de todos los días, tan estables que apenas se degradan y pueden permanecer décadas en el ambiente. El proyecto chileno ICEMELT, liderado por la Universidad Mayor, se dedica precisamente a entender cómo estos compuestos llegan, se acumulan y circulan en los ecosistemas antárticos en un mundo que se calienta.
Por qué se llaman «químicos eternos»
PFAS es la sigla de las sustancias per- y polifluoroalquiladas: una gran familia de compuestos perfluorados y polifluorados creados por el ser humano. Su gracia industrial —y su maldición ambiental— es que son extraordinariamente resistentes. Repelen el agua y la grasa, aguantan altas temperaturas y no se rompen con facilidad. Por eso están en textiles impermeables, en los utensilios de cocina antiadherentes y en las espumas para apagar incendios, entre miles de otros usos.
Esa misma estabilidad que los hace útiles es la que los vuelve un problema. Un compuesto que «no se rompe» tampoco desaparece: se queda. Puede permanecer décadas en el suelo, en el agua y en el aire, acumulándose poco a poco. De ahí el apodo de «químicos eternos»: no es una exageración poética, sino una descripción bastante literal de su persistencia.
La propiedad que los hace tan valiosos para la industria —que casi no se degraden— es exactamente la misma que los convierte en un contaminante difícil de erradicar.
— La paradoja de los PFAS
Un viaje de miles de kilómetros por el aire
La primera intuición sería pensar que estos compuestos alcanzan la Antártica arrastrados por las corrientes oceánicas. De hecho, durante mucho tiempo se creyó que las corrientes impedían que los PFAS llegaran tan al sur. Estudios del IDAEA-CSIC español mostraron algo distinto: sí llegan, pero por una vía más sutil, la atmósfera.
Aunque se producen lejos, en las regiones industrializadas del planeta, los PFAS tienen la capacidad de viajar largas distancias por el aire (y también por el océano) hasta lugares remotos. Terminan cayendo sobre el continente antártico con la nieve y la lluvia —lo que se conoce como deposición atmosférica húmeda— y transportados por los aerosoles marinos. No hace falta que una fábrica esté cerca: basta con el viento y el agua para que la contaminación aterrice.
Que esto no es un problema abstracto quedó claro ya en 2006, cuando se reportaron las primeras evidencias de PFAS en la fauna antártica: pingüinos, albatros, elefantes marinos y skúas cargaban en sus cuerpos rastros de compuestos que nunca vieron una fábrica.
Por la atmósfera
No llegan tanto por las corrientes del mar como se pensaba, sino transportados por el aire desde las zonas industrializadas hasta el continente antártico.
Nieve, lluvia y aerosoles
Caen sobre la Antártica con la deposición atmosférica húmeda —nieve y lluvia— y viajan también en los aerosoles marinos, quedando atrapados en el hielo.
Fauna contaminada desde 2006
Las primeras evidencias en fauna antártica —pingüinos, albatros, elefantes marinos y skúas— datan de 2006, prueba de que ya circulan por el ecosistema.
Una bomba de tiempo congelada
Aquí es donde entra el calentamiento global y donde la investigación de ICEMELT se vuelve más urgente. Buena parte de los PFAS que llegaron a la Antártica no están sueltos: quedaron atrapados en la nieve, los glaciares y el hielo, como en una cápsula fría que los mantiene fuera de circulación.
El problema es que esa cápsula se está derritiendo. Si el hielo que hoy retiene esos compuestos se funde, los «químicos eternos» podrían liberarse de nuevoy volver a ponerse en circulación en el agua, los suelos y la cadena alimentaria antártica. Lo que estaba guardado dejaría de estarlo. Por eso el equipo dirigido por Cristóbal Galbán, con Gustavo Chiang como director alterno, estudia estos procesos: no basta con saber cuánta contaminación hay, sino anticipar qué pasará con ella cuando el hielo deje de contenerla.
Lo remoto ya no es sinónimo de intocado
La lección de fondo es incómoda pero clara: no existe un rincón realmente aisladodel impacto humano. Si los «químicos eternos» pueden viajar por el aire hasta la Antártica y quedar grabados en su hielo, entonces la contaminación que producimos en las ciudades es un asunto global, no local. Proyectos como ICEMELT importan precisamente porque convierten esa intuición en datos: rastrean por dónde entran estos compuestos, cómo se acumulan y qué podría pasar con ellos en un continente que se calienta. Vigilar la Antártica, al final, es una forma de vigilarnos a nosotros mismos.
- El proyecto chileno ICEMELT, liderado por la Universidad Mayor (dir. Cristóbal Galbán, dir. alterno Gustavo Chiang), estudia cómo los PFAS llegan y circulan en los ecosistemas antárticos.
- Los PFAS o «químicos eternos» son compuestos perfluorados y polifluorados de miles de productos cotidianos —textiles, antiadherentes, espumas antiincendios—, tan estables que duran décadas en el ambiente.
- Aunque se producen en zonas industrializadas, viajan por la atmósfera hasta la Antártica y caen con la nieve y la lluvia; ya en 2006 se detectaron en pingüinos, albatros, elefantes marinos y skúas.
- La gran preocupación es que el calentamiento global derrita el hielo y libere los PFAS hoy atrapados en nieve y glaciares, volviéndolos a poner en circulación.
- Cooperativa Ciencia. Científicos investigan el impacto de los «químicos eternos» en la Antártica (23 de junio de 2026)
Ver fuente → - Agencia SINC. Los compuestos «químicos eternos» se acumulan en las aguas de la Antártida (estudio del IDAEA-CSIC)
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