El agujero negro del centro de la galaxia por fin dejó ver su aliento
Tras medio siglo de búsqueda, un telescopio en el desierto de Atacama captó el viento de gas caliente que sopla desde Sagitario A*. La pista: una cavidad cónica de tres años luz, esculpida en el gas frío y apuntando directo al agujero negro.
Un agujero negro que debía soplar, pero no se dejaba ver
En el corazón de la Vía Láctea, a unos 27.000 años luz de nosotros, vive Sagitario A*: un agujero negro supermasivo con la masa de unos cuatro millones de soles. La teoría llevaba más de medio siglo siendo tajante: cualquier agujero negro que devora materia tiene que expulsar parte de ella de vuelta al espacio, en forma de un viento de gas caliente. Lo raro es que el nuestro parecía no obedecer.
Durante 50 años, las observaciones del centro galáctico no lograban encontrar ese viento. Sólo había huellas antiguas, de erupciones ocurridas hace decenas de miles de años, pero nada reciente. El agujero negro más cercano a la Tierra se comportaba como un sospechoso demasiado tranquilo, y eso desafiaba lo que creíamos saber sobre cómo se alimentan estos monstruos cósmicos.
Un agujero en el gas que apunta al culpable
El equipo no detectó el viento de forma directa: lo dedujo por lo que faltaba. Al construir el mapa más nítido jamás hecho del gas molecular frío que rodea a Sagitario A*, los astrónomos encontraron una cavidad con forma de cono —un hueco de unos tres años luz de largo y 45 grados de apertura— vaciado en ese gas. Y la punta de ese cono apunta directamente al agujero negro.
Esa ausencia es la firma del viento. El gas caliente que escapa de Sagitario A* barre y aparta el gas frío que lo rodea, como un soplido que abre un claro en la niebla. No se ve el viento en sí, pero se ve perfectamente el vacío que deja a su paso. Por eso el liderazgo del estudio habla de un hallazgo casi paradójico: encontrar algo enorme buscando lo que no está.
A menos que un agujero negro exista en un vacío perfecto, de algún modo tiene que soplar un viento. Es una ausencia gigantesca de material.
— Mark Gorski, Northwestern (CIERA)
Los investigadores estiman que ese viento lleva soplando al menos 20.000 años, lo que lo convierte en un fenómeno persistente y no en un evento aislado. La forma del cono, además, sugiere que la dirección del soplido no es fija: probablemente oscila con el tiempo, como una manguera que se mueve lentamente.
Por qué fue ALMA, en el norte de Chile
La clave del descubrimiento está en el desierto de Atacama. El radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/Submillimeter Array), instalado en el llano de Chajnantor a más de 5.000 metros de altura, aportó más de cinco años de observaciones extraordinariamente profundas en longitud de onda milimétrica. El cielo seco, estable y de altura del norte de Chile es justamente lo que se necesita para observar este tipo de señal sin que el vapor de agua de la atmósfera la borre.
100 veces más profunda
La imagen del gas frío logró captar una señal cien veces más débil que cualquier mapa anterior de la región: por eso recién ahora apareció la cavidad.
80 veces más nítida
La nitidez angular fue unas 80 veces mayor que mapeos previos de monóxido de carbono, lo que permitió delinear el cono con precisión.
+5 años con ALMA
Más de un lustro de datos acumulados a 1,3 milímetros de longitud de onda, sumando observaciones hasta alcanzar la profundidad necesaria.
Restar el ruido del propio agujero
El equipo restó la emisión de radio variable de Sagitario A* con una técnica de sustracción en el tiempo, dejando a la vista sólo el gas circundante.
Un laboratorio en nuestro propio vecindario
El resultado no sólo cierra un misterio de 50 años: confirma que Sagitario A* se comporta como los agujeros negros supermasivos del resto del universo. Y eso es enorme, porque la mayoría de las galaxias pasan casi toda su vida en un estado tranquilo, poco activo, igual que la nuestra. Estudiar de cerca a Sagitario A* es estudiar el caso típico, no la excepción.
Estos vientos suaves y persistentes son una pieza central de lo que los astrónomos llaman retroalimentación (feedback): la forma en que un agujero negro regula el gas a su alrededor, frenando o permitiendo la formación de nuevas estrellas. Comprenderlo en el agujero negro que tenemos al lado ayuda a entender cómo evolucionaron las galaxias a lo largo de toda la historia del cosmos.
El viento no es poderoso, y su dirección probablemente cambia con el tiempo. La mayoría de las galaxias pasan casi toda su vida en un estado en el que no son particularmente activas.
— Elena Murchikova, Northwestern (Weinberg College / CIERA)
- Por primera vez se detecta el viento activo de Sagitario A*, el agujero negro del centro de la Vía Láctea.
- La prueba es una cavidad cónica de ~3 años luz y 45° de apertura, vaciada en el gas frío y apuntando al agujero negro.
- El hallazgo lo hizo ALMA, en el desierto de Atacama, con +5 años de datos y una imagen 100 veces más profunda.
- El viento lleva soplando al menos 20.000 años y resuelve un enigma teórico de medio siglo.
- Confirma que nuestro agujero negro se porta como los demás: un laboratorio cercano para estudiar cómo las galaxias evolucionan.
- BioBioChile. Telescopio en Chile resuelve un misterio de 50 años sobre el agujero negro del centro de la Vía Láctea
Ver fuente → - ALMA Observatory. ALMA Finally Catches the Milky Way’s Black Hole “Breathing”
Ver fuente → - Northwestern Now. Found: Milky Way black hole’s missing wind
Ver fuente → - The Astrophysical Journal Letters. M. Gorski & E. Murchikova, “The Discovery of an Active Wind from the Milky Way’s Central Black Hole” (IOPscience)
Ver fuente → - Scientific American. Astronomers Just Solved a 50-Year-Old Mystery about the Milky Way’s Black Hole
Ver fuente → - Science · AAAS. Missing wind from Milky Way’s giant black hole finally found
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